
Hay un instinto masculino, orgullo de macho, dignidad fálica que invita a los hombres a resolver sus problemas a punta de puñetazos, o más bien puede ser una justificación para explicar su agresividad en momentos duros. Joaquín estaba consciente de ello, la furia que sentía solo se la podía quitar de encima despedazándole el hocico a Ricardo, el miserable que le había robado a su novia.
Había peleado muchas veces, pero en torneos y con árbitros y petos de taekwondo de por medio, nunca antes lo había hecho en el mundo real. Hacía ya tres años que había dejado el arte marcial y aunque recordaba las patadas y defensas más importantes, sabía que no las iba a utilizar, en la calle es otra cosa… es todo más instintivo, los golpes fluyen de forma natural. Además, Ricardo no le aguantaría ni un micro round, la furia que sentía adentro, era suficiente para nockear al más violento de los pesos pesados.
No le importaba que lo tacharan de agresor o troglodita, él solo quería sacarse de adentro la furia que sentía, la rabia de que ese hombrecillo le hubiera ganado a su novia. No era culpa de ella, estaba claro en ello, Ricardo se la había gusaneado, la táctica del gusano miserable es lo más bajo en lo que puede caer un ligador. La estrategia consiste en jugar la carta de amigo, acercarse a la hembra de forma inofensiva, ser su paño de lágrimas, escuchar de los problemas y deficiencias de la relación de pareja, estar ahí atento y en el momento justo empezar a serruchar hasta derrumbarle el piso al novio; ahí, justo ahí, es cuando el gusano ataca.
Luego ella acude donde el novio - quien aunque siempre lo sospechó nunca pudo decir nada, pues lo acusarían de celoso y controlador - y le explica: “Fue muy de repente, no lo teníamos planeado… simplemente pasó”; ellas realmente creen que es el destino lo que las une con los gusanos y no su miserable estrategia.
Desde el momento en que su novia lo terminó para largarse a los brazos de Ricardo, la furia se apoderó de todo su ser y la venganza se convirtió en su único pensamiento.
El rumor de que el gusano se llevaría una terrible golpiza cundió por doquier, el mismo Ricardo sabía que si el ex de su mujer lo agarraba, lo enviaría a Emergencias.
El tiempo pasó como si fuera procesión, la expectativa de la pelea crecía, el temor de Ricardo y de su amada era desbordante, pero a la vez insuficiente como para que siquiera pensaran en romper; ella intentó hablar con Joaquín, suplicarle que no le hiciera daño a su nueva pareja, pero la decisión ya estaba tomada, estaba intoxicado de rabiosa y colérica furia.
Ella dio una fiesta en su casa, por su cumpleaños, llegó todo el mundo, conocidos y amigos por conocer, fue la presentación oficial en sociedad de Ricardo como su nuevo novio, nunca imaginó que Joaquín llegaría, no lo invitó y supuso que respetaría la casa de sus padres y su antigua y extinta relación, pero a él ya nada le importaba. Llegó con porte de malo y semblante serio, no mostró señas de dolor, ni duelo, solo ira y enojo.
Las horas pasaron en intensa tensión… En la fiesta sonaba al maestro Sabina cuando Ricardo se apropió del estéreo para interrumpir Vámonos pal sur por Si el norte fuera el sur de Arjona.
Para Joaquín esa fue la excusa perfecta para armar la bronca. Inició con un insulto y un empujón, todos en la fiesta miraban atónitos y rodearon a los del pleito en un círculo al estilo Fight Club, nadie pronunció palabra, ni siquiera Ricardo que mostró lo maricón que era frente al gladiador que tenía en frente. Joaquín estaba a punto de lanzar el primer puñetazo y llenar de sangre ajena las paredes de la casa de su ex novia, pero en lugar de atacar más bien se marchó…
Él sabía que una vez que conectará el golpe su furia se desvanecería… no podía afrontar esa pérdida… prefirió aferrarse a ella, volverla su compañera patológica, con ella podía vivir, por el contrario, con la tristeza, que aguardaba paciente para invadirlo, no soportaría ni un día…
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