Tacón punta, tacón punta... caminar es todo un arte para ellas, una mezcla de equilibrio y destreza que han logrado conquistar con mucha práctica, pues los zapatos de plataforma que calzan al trabajar no fueron diseñados pensando en su anatomía masculina.
Son hombres que en su adolescencia se percataron de que les había tocado el cuerpo equivocado y se rehusaron a vivir negando su esencia. Se aventuraron entonces no solo a vestir como mujeres, sino a adoptar por completo el género femenino.
Las circunstancias las hicieron ejercer como trabajadoras sexuales, a caminar por las calles en busca de clientes anónimos, sorteando el frío de la madrugada, peligros nocturnos, insultos morbosos y el eterno descontento de los vecinos de las zonas que frecuentan.
Nunca pierden el glamour. La elegancia está en el contoneo, y el secreto, en tener la frente en alto, de forma digna y orgullosa, incluso con un poco de soberbia, al estilo Sex and the city o American Next Top Model, series de las que Angie, Alondra y Antonieta se confiesan amantes.
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